miércoles, 25 de abril de 2012

Lo que importa





mi triple amor:


ella madre de los tres,


yo padre de dos




Guillermo Goicochea

domingo, 22 de abril de 2012

Dejarse tener por él




El jardín

Diana Bellesi


He construido un jardín como quien hace
los gestos correctos en el lugar errado.
Errado, no de error, sino de lugar otro,
como hablar con el reflejo del espejo
y no con quien se mira en él.
He construido un jardín
para dialogar
allí, codo a codo con la belleza, con la siempre
muda pero activa muerte trabajando el corazón.
Deja el equipaje repetía, ahora que tu cuerpo
atisba las dos orillas, no hay nada, más
que los gestos precisos -dejarse ir- para cuidarlo
y ser, el jardín.
Atesora lo que pierdes, decía, esta muerte
hablando en perfecto y distanciado castellano.
Lo que pierdes, mientras tienes, es la sola compañía
que te allega, a la orilla lejana de la muerte,

Ahora la lengua puede desatarse para hablar.
Ella que nunca pudo el escalpelo del horror
provista de herramientas para hacer, maravilloso
de ominoso. Sólo digerible al ojo del terror
si la belleza la sostiene. Mira el agujero
ciego: los gestos precisos y amorosos sin reflejo
en el espejo frente al cual, la operatoria carece
de sentido.

Tener un jardín, es dejarse tener por él y su
eterno movimiento de partida. Flores, semillas y
plantas mueren para siempre o se renuevan. Hay
poda y hay momentos, en el ocaso dulce de una
tarde de verano, para verlo excediéndose de sí,
mientras la sombra de su caída anuncia
en el macizo fulgor de marzo, o en el dormir
sin sueño del sujeto cuando muere, mientras
la especie que lo contiene no cesa de forjarse.
El jardín exige, a su jardinera verlo morir.
Demanda su mano que recorte y modifique
la tierra desnuda, dada vuelta en los canteros
bajo la noche helada. El jardín mata
y pide ser muerto para ser jardín. Pero hacer
gestos correctos en el lugar errado,
disuelve la ecuación, descubre el páramo.
Amor reclamado en diferencia como
cielo azul oscuro contra la pena. Gota
regia de la tormenta en cuyo abrazo llegas
a la orilla más lejana. I wish you
were here, amor, pero sos, jardinera y no
jardín. Desenterraste mi corazón de tu cantero.

viernes, 13 de abril de 2012

Muros




Saber




que en medio




de los muros más grises




más impenetrables




algo brilla




siempre.

miércoles, 4 de abril de 2012

Mirar Todo



Lo que libera, se nos dice, es notar cada vez más cosas.
Susan Sontag



Y otra vuelta


finalmente se produjo


ella retorna, la mirada envuelta en calma


dos pares de ojos rasgados me reflejan, me buscan, incansables,


y allí me repito, iluminada, transparente


allí estoy, estamos, estaremos


ellos logran que retorne nueva y diferente,


y definitivamente


-ya-


sin rencor.

martes, 20 de marzo de 2012

Mirar nada


No mira nada; guarda en su interior su amor y su miedo: eso es la mirada.

Roland Barthes.



Volver a ella, a mi mirada


desempolvarla, soplar esas pelusas adheridas a las pestañas infinitas y


rectas que tienen su nombre


curvar ese camino desvencijado, tocar con las yemas de los dedos la poesía

frágil que se esconde en las pupilas


confiar en ella


saber que la ceguera es cubrir el rostro con las manos y entreabrir los dedos

dejando que se cuele la parcialidad del mundo


entornar los ojos y con ellos los días, bajar de a poco la persiana que nos

cubre de la luz que lastima


sentir el alivio de la lluvia leve en el cuerpo,


esa que refresca y nos hace abrir los brazos


confiarle a ella la cajita despintada donde guardo mi amor y mi miedo,


pero antes cortarme bien las uñas para no descascararla


bajar las manos y saber que el silencio y el bloqueo ya no son necesarios


que es demasiado lo que hay


lo que hubo


lo que habrá


para que otro hable, escriba


(o calle)


su rencor.

martes, 13 de marzo de 2012

El rey de las tormentas


Llueve, pero no hay cueva, y nadie en ella. No cantan los pájaros, y nadie que despierte para levantarse. Sólo el agua que fluye y lo invade todo, y nosotros, sin poder detenerla.


No hay trapos que alcancen, las manos no dejan de escurrir, de escurrirse entre ellas. Y el agua sigue allí.

Alguien que ya no quiere ser el rey de las tormentas, alguien que decide poner un freno de una vez y detener la corriente peligrosa, furtiva, sorpresiva, horadante.



Del otro lado, alguien que ya no quiere ser mendigo. Prefiere ser fantasma de otro, el de siempre, y perseguirlo en las sombras, aparecer para a-tormentar…justo ahora, en medio de esta tormenta.



sábado, 3 de marzo de 2012

Espacios




Como si fueran



dos diminutos peces



se entrelazan