domingo, 28 de agosto de 2011

Mundo de rocío

Hoy el rocío

borrará lo escrito

en mi sombrero

MATSUO BASHO


Aquello que otros inscriben, con su letra, con su daga, con su pena, se desvanece, desaparece, muere ante nuestra mirada serena.

Lo acariciamos, lo vemos doblarse, partirse en mil pedazos, y nos apartamos.

Una vez más nos salimos de los marcos, nos reímos, y somos cómplices al borrar lo que nunca estuvo, lo que sigue sin existir.

Porque allí nos hacemos más fuertes, cuando entendemos que ya no hay nada que borrar.

(sólo hay rocío)



lunes, 8 de agosto de 2011

Descripción de un ginko





Un colchón de hojas de ginko me recibía cada mañana, al caminar por las calles de Setagaya. Sostenerlo en mi mano y admirar su forma de abanico, sus cambios de color a medida que las estaciones se sucedían, era una tarea exquisita.


(ginko biloba-puede alcanzar los cuarenta metros de altura-su circunferencia es de hasta cuatro metros-sus hojas son perennes-en primavera son de un verde brillante-en otoño doradas-llegó a Japón en el siglo XIII-brota de sus semillas y de sus raíces-resiste a la contaminación-los grandes luchadores de sumo llevan un peinado especial denominado O-ichō, Gran Ginko, en forma de abanico-la medicina china tradicional emplea sus semillas como remedio para el asma-también se utiliza para ciertos trastornos relacionados con la pérdida de memoria)



…resisten a la contaminación…

…ayudan a recobrar la memoria…





(al estallar la bomba atómica en Hiroshima, a un kilómetro de distancia, cuatro ginko sobrevivieron-curaron sus heridas, y florecieron en medio de las cenizas –uno de estos ginko había crecido al lado de un templo (Hosen-ji)- luego de la bomba, el templo quedó destruido, y tiempo después, se lo reconstruyó en torno al ginko florecido)





miércoles, 27 de julio de 2011

La poesía viaja en tazas




“Sí, por supuesto!

Hablan, discuten, matan…

Luchan por la paz”

Shaker Abdurraheem Aamer

Leo Marcos de guerra. Las vidas lloradas, de Judith Butler. Leo sobre la capacidad de sobrevivir. Leo poemas que sobreviven a la censura, los poemas de Guantánamo. Leo que veinticinco mil versos fueron destruídos. Leo esa poesía que representa, para algunos, un “riesgo especial” por su “contenido y formato”.

Al principio, escribían sobre tazas de espuma de poliestireno, blandas, inofensivas para los carceleros, resistentes y poderosas para los poetas encadenados. Las tazas circulaban, de celda en celda. Ellos escribían, con piedras, con dentífrico.

Bebían las letras.

Después les dieron papel y lápiz, sólo para destruír luego lo que escribieran.

Veintidós poemas viven. Llegaron, de a sorbos.

Y afortunadamente, pueden inundarlo todo.



domingo, 19 de junio de 2011

Para acabar con el frío



“La saciedad existe, y no me daré tregua hasta hacer que se repita: a través de todos los meandros de la historia amorosa me obstinaré en querer reencontrar, renovar, la contradicción-la contracción-de los dos abrazos.” Roland Barthes; Fragmentos de un discurso amoroso.


Pienso en el frío y como allí todo se cristaliza. Pienso en el frío abriendo y cerrando las manos, apoyando mis labios y soplando hasta que otras manos vienen y se cierran allí, justo donde hay que apretar. Ese frío que te curva la espalda, que te transforma en un ovillo, o en un caracol. Ese frío que te desalienta, porque te quita el aire, la calidez, la calma.

Y después pienso en el abrazo, en la fuerza intempestiva de ese roce trascendente, y completo. Porque ya no cabe nada más después del abrazo: hay allí dos universos contenidos. Un tierno retorno a la infancia, o un erotismo solapado en su contacto. Una vuelta, o un encuentro, ya no importa: en el abrazo se vuelve a ser.