viernes, 30 de octubre de 2009

El regalo del olvido (o de cómo nos premia la memoria con su falta) Para Maxi

¿Aparecer en una escena implica estar siempre de acuerdo con ambas, con la escena, y por ende, con la aparición en ella?

Que el nombre no esté, o que esté desfigurado y rasgado por la tinta más impune de la historia, es un premio, y un castigo.

Pero la desaparición forzosa hace que la presencia sea desmedida en la escena no querida, y en las más ansiada y buscada, también.

Por ello creo que preguntarse por la abstención que el otro hace al no pronunciar ni con su voz ni con su letra nuestro nombre, es igual a saberse ya, de antemano, ubicado en el lugar en el que todo terror nos instala: la premacía absoluta.

A veces los que creemos castigos, nos premian con una ausencia que estalla en mil fragmentos de memorias, que no pasarán al desdén de ninguna historia.

A veces (siempre) estos castigos de aquellos que esgrimen discursos solapados de tan evidentes (o evidentes de tan solapados), nos regalan algo muy preciado: saber que nos tienen más que presentes, saber que el borramiento les pega de atrás, en la oreja, y luego en la mano, que duele de tanto borrar.

Saber que aunque no quieran, estamos.


2 comentarios:

Crespi dijo...

Este, como todos tus textos Karen, es de un modo imposible a la vez una caricia y una cachetada. Me lo merecía.
Gracias,
PD: Ahora que veo debo corregir lo dicho en mi post. No soy yo solo el excluido. También falta Helen. Helen y yo, un solo corazón!

Karen dijo...

jaja!! ya no estás solo!
y son siempre caricias, Maxi, sólo caricias...